Manuel estuvo trabajando en Bilbao unos pocos años. Es, de origen, de un pueblo de los alrededores de Ponferrada pero se crió en un internado desde los 13 años. No es que conserve muchas amistades de aquella época. Después le dijeron de otra oportunidad en Alemania y allí estuvo otros casi cinco años donde conoció a su futura esposa, no berciana pero sí leonesa, de cerca. Tras ahorrar después de casarse en la distancia, con un par amigos presentes, decidieron ir haciendo una casa poco modesta en un pueblo cercano al suyo pues había terreno barato. En cuanto su hijo tuviese que ir a la escuela volverían a esa casa en España. Así lo hicieron trabajando ambos, poco más, mientras iban construyendo la casa en la distancia y en verano, una casa grande.

Manuel tenía jardín y un gran terreno dentro de su finca. Poco a poco en el primer año ya mudados, cuando acabaron las dos cocinas y los baños de la casa, empezó a ir plantando allí al lado. Tiene una finca grande pero la especie que más ha plantado es el césped. Luego, hay algún tomate, patatas y cebollas por entretenerse mientras no trabaja. Sabía que cultivar para comer también es trabajo.

Los amigos de su hijo van poco por casa pero en el cumpleaños se lo pasan bien. Al estudiar en Ponferrada no conoce mucho a la gente del pueblo ya que además vive a las afueras. La segunda cocina de la casa se usó para las bodas de plata y en dos navidades. Es muy bonita y limpia, sobre todo limpia. El jardín siempre cuidado perfecto para pasear y hasta para jugar al fútbol.

Cuando el peque empezó el instituto hicieron una piscina para que así no hiciese falta ir al río que los veranos pegan bien. Como Manuel tenía bastante tiempo libre la huerta empezó a comerle terreno al césped aunque el agua usada para regar apenas nota diferencia. Su hijo no va a al río ya que la piscina es más cómoda y ahora con todas las novedades de internet, duchas, columpios, pues uno no sale. Manuel no va a las huertas del pueblo que le deja la familia, de toda la vida, ya que al final con la tontería tiene bastantes surcos y se ahorra tiempo en desplazarse. En ese tiempo ve la televisión, nada concreto. Se prejubiló por problemas de salud ya que trabajar desde los 17 como albañil y en la industria pesada es duro.

En ese pueblo cambiaron las fiestas para Agosto porque es cuando viene la gente de fuera y así hay más jaleo. El hijo de Manuel fue dos veces pero piensa que son algo aburridas. Se acuerda una vez con unos primos que tenían pandilla de verano que se emborrachó en un botellón por primera vez, pero nada más.  Entre los veranos en Inglaterra y la play no le dio cogido el gustillo y ya con 17 años es muy mayor para esas cosas y suele hacer vida en Ponferrada. Su abuela, sin embargo, es algo pesada siempre dándole mucho bombo a las fiestas y van a comer a su casa y se arreglan, hasta tienen que ir a misa.

Al final no tuvieron más hijos pero la mujer de Manuel se entretiene y tiene poco tiempo ya que hay muchos baños y habitaciones por limpiar. Tiene la casa de museo bien bonita y con buen gusto.

No tiene mucho tiempo para alternar y a veces va a casa de su vecina a la que tiene que llamar para verse ya que los respectivos terrenos separan las casas y solo salen de ellas en coche para ir a hacer la compra o a algún restaurante a Camponaraya, al Cebreiro o a casa de sus suegros los domingos a comer.

Su suegro está muy enfermo pero todavía hace lo que puede para ir a las huertas del Sardonal donde tiene la huerta también su primo y otros 4 vecinos de toda la vida. Allí se critican la posición de los puerros, la separación de los surcos y discuten por el agua. Se prestan entre sí la desbrozadora, alguna herramienta y el calor humano. Aunque Manuel tiene un pequeño tractor, cortacésped y desbrozadora, entre otra maquinaria a gasolina, le queda muy lejos para llevárselo a su padre y este no se siente cómodo pidiéndoselo.

La huerta del padre de Manuel está cerca del reguero donde se bañaban de jóvenes, desnudos y solo los chicos, ya que ese pueblo no tiene río y tenían que ir a pueblo donde vive Manuel hoy, que quizás por eso creció más y muchos compraron allí casas. El padre de Manuel piensa que allí tiene que haber mucho más ambiente que en su pueblín sin río aunque las nietas y nietos de sus primos y amigos se bañan en el reguero todos los días de verano y hasta hace poco hasta merendaban juntos con él. Algunos aunque vivan durante el año fuera tienen una pequeña finca cerca de las huertas y se ven todos los días.

El hijo de Manuel se fue a la universidad y es entonces cuando se dan cuenta de que la casa es muy grande. Aun así su mujer no tiene mucho libre ya que hay muchas plantas que cuidar y siempre hay algún mueble que añadir o cambiar. Manuel empieza a plantar algún árbol frutal en el jardín ya que su padre tiene también pero ya algo viejos y están lejos. Al tener la huerta en casa dejaron a poula o abandonadas unas tierras del otro pueblo. A él solo le tardarán 7 o 5 años en salir alguna cereza, avellana y castaña. Además estarán dentro de casa y será más fácil para que su hijo los atienda o invite a amigos a alguna barbacoa o incluso pueden hacer un magosto. Ya que la mayoría de sus amigos son de Madrid seguro que les encanta ver la cantidad de productos buenísimos que tiene esta comarca. Tiene casi de todo plantado, aunque poca cantidad y ya casi llega a la piscina de suelo que está siempre limpia, solo en verano ya que el resto del año no hay mucho que hacer y pasan bastante dentro de casa. Con el tiempo compraron un pastor alemán y acabaron siendo dos, por proteger y llenar algo la finca. Su vecina, además, hará lo mismo. También piensan que así podrán pasearlo a casa de sus padres. A pesar de que llevan yendo toda la vida en coche, quizás no esté tan lejos. Es sano y les vendrá bien. Con lo bien que comen se empiezan a notar algunos kilos y fatigas de más.

Lo malo es que llevar animales a casa de sus padres es un jaleo. Sus padres tienen una casa mucho más pequeña, entre eso y que siempre hay alguna vecina con algún nieto igual es algo innecesario. Eso es algo que siempre le molestó a Manuel, los días fuera de domingos siempre había alguien dándole a la lengua, junto a su madre, o jugando a las cartas. Le molestaba eso y a su mujer el olor a comida que había por toda la casa, claro como era pequeña… Ellos pensaban que era un poco más desastre pero son cosas de antes y ellos estaban más acostumbrados. Saliendo y entrando gente. La puerta de casa estaba siempre abierta y aunque tuvieran cortinilla de plástico para las moscas siempre se colaban dentro…

La mujer de Manuel mientras trasplantaba nuevas plantas del balcón de la habitación de invitados del piso de arriba pensaba lo gracioso que era el no haber estrenado aún esa cama. Una vez su hermana que vive en Bilbao le dijo que pusiera las sábanas de su madre en una habitación y allí iría. Sin embargo, su relación se fue enfriando y al final su hermana murió de prematuramente quizás por trabajar demasiado. La otra cosa que pensaba deshojando unas petunias era que  lo que estaba haciendo en ese momento, su suegra le llamaba desfollare o algo así. Se le escapó el otro día pero rápidamente se corrigió. Después pensó que con lo mal que está su suegro, aunque no lo sepa, es posible que quien que se quede viudo antes se tenga que venir a vivir a esa casa, a esa habitación. Les podrán atender mejor y su casa no está en las mejores condiciones. Les recuerda a sus abuelos y eso que eran de otra generación.

Al final su hijo encontró trabajo en el extranjero y por eso deciden comprarse móviles modernos y poner de nuevo  internet para poder mandarse mensajes por el teléfono móvil y ahorrar en llamadas. Ellos solos y sin internet sería algo desagradable. La mujer de Manuel, además, pasa mucho tiempo en la cocina de abajo donde hay cocina y practica numerosas recetas que le pasa su vecina por whatsapp que es por donde suelen hablar ahora. Ahí abajo no tiene cobertura y se plantea el estar más en el salón donde se pelearía por el canal que ver con su marido que ve demasiados concursos y al Rojo Vivo. El rato de después de comer que pasan sentados mirando la piscina vacía ya le parece el momento para compartir novedades o hablar del futuro de su hijo y lo contentos que están de que trabaje. Sus primos, que viven en Ponferrada o en el pueblo de los abuelos, no tuvieron tanta suerte y trabajan por la zona. Por lo menos atienden algo al abuelo ahora que está solo.

Muricego

Escrito por:Muricego

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