La democracia no es una opción científica, sino moral, por eso este autor defenderá la II República como un proceso de expansión de las libertades y de defensa de los derechos humanos. Sin duda, como todo proceso político, con sus errores y sus aciertos, pero no debemos olvidar que España, por una vez en su historia fue pionera en el avance del voto femenino, en la redistribución de la riqueza, en la cultura y en la educación como métodos para hacer libre al ser humano. Por todo ello, sirva como homenaje este pequeño artículo a todas aquellas personas que lo hicieron posible.

La Carta Magna republicana aprobada el 9 de diciembre de 1931 por las Cortes, es el mayor exponente de los anhelos republicanos. Analizaremos varios artículos de ella para hacer una pequeña aproximación a los valores cívicos e igualitarios que la movieron.

En la constitución de 1931 en el título preliminar y en su artículo primero se expresan los valores fundamentales que guiarán a esta nueva democracia. “España es una República democrática de trabajadores de toda clase, que se organiza en régimen de Libertad y de Justicia. Los poderes de todos sus órganos emanan del pueblo.” El intelectual de esta potente definición de clase fue el ponente socialista Luis Araquistáin, perteneciente al ala del PSOE de Francisco Largo Caballero

La educación y el monopolio que sobre ella había tenido la religión católica habían sido un lastre para la gran mayoría de la población española. La república manifestó desde el inicio la necesidad de modificar esta circunstancia, además de señalar la necesidad de que existiera una separación entre el Estado y la Iglesia. El artículo vigésimo sexto  en su primer capítulo señala que “todas las confesiones religiosas serán consideradas como asociaciones sometidas a una ley especial. El estado, las regiones, las provincias y los municipios, no mantendrán, favorecerán, ni auxiliarán económicamente a las Iglesias, asociaciones e instituciones religiosas”. Además en el tercer punto de este artículo se prohibía expresamente ejercer la industria, el comercio o la enseñanza a las congregaciones religiosas. Este artículo fue el que esgrimió la jerarquía católica para culpar a los dirigentes republicanos de atentar contra los derechos de los ciudadanos católicos.

La redistribución de la riqueza y la incorporación a nuevas formas de vida por parte de la clase trabajadora eran uno de los puntos más importantes que el nuevo régimen tenía como objetivo. En el artículo cuadragésimo octavo se señala que “la república legislará en el sentido de facilitar a los españoles económicamente necesitados el acceso a todos los grados de enseñanza, a fin de que no se halle condicionado más que por la aptitud y la vocación. La enseñanza será laica, hará del trabajo el eje de su actividad metodológica y se inspirará en ideales de solidaridad humana.   

Marcelino Domingo fue ministro de Instrucción Pública y de Agricultura durante varias etapas por el Partido Republicano Radical Socialista y por Izquierda Republicana. Nacido en Tarragona en 1903, allí consiguió hacerse maestro para después convertirse en uno de los mayores colaboradores del presidente Manuel Azaña. Falleció en Toulouse en marzo de 1939 como tantos de sus compatriotas que huían del avance fascista. ¿Por qué traigo a colación a Marcelino Domingo? De él es uno de los mejores discursos relativos a la educación y al patriotismo republicano español. La idea de que sólo la educación hará libre al hombre y de que no hay mayor orgullo para un pueblo que la cultura, son los temas principales que sobresalen de su alegato. “Maestros y libros. Es la gran siembra que ha de hacerse sobre la tierra de España. Lo mismo sobre el pedregal que sobre el suelo mollar. Maestros y libros como signo de un nuevo modo de sentir de España; de vivir en España; de servir a España; de marchar hacia el futuro. Maestros y libros como blasones del escudo del régimen nuevo. La República, por el libro y por el maestro; por el ejemplo, además, dado desde el poder, ha de convertir España en una escuela viva permanente. Es una escuela donde el español aprenda que lo que él sea, haga y valga, será, hará y valdrá, en definitiva, la historia de España”

Esto era la II República, la luz en medio de un páramo oscuro que unos años después nos llevó a estar presos durante 40 años del muerte a la inteligencia. Este país siempre tendrá una deuda de reconocimiento con aquella generación que nunca dejó de llevar a su patria en el corazón. Honor a ellos. ¡Viva la República!

 

Escrito por:javivoces

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