Ha sido un verano raro, inusual, diferente, atípico… Han sido meses en los que no nos hemos podido guiar por las vivencias pasadas que se repetían año tras año en las mismas fechas. Pero en cambio, hay algo que ha seguido su curso, hay algo que siempre mantiene sus tiempos… El campo, la naturaleza, la vida. Es algo que no entiende de parones. Por eso, este año se volvió a sembrar en su época, se cuido con el mismo mimo de siempre y se recogió el fruto del trabajo en su tiempo y repitiendo costumbres.

Es por esa razón, que los últimos peldaños del verano, volvieron a estar marcados por la recogida de pera y, por la tan esperada vendimia. Tal y como os contamos en las últimas entregas de “Retales de septiembre”

Es también por esa cualidad que tiene la naturaleza de siempre mantener sus ciclos y de no entender de parones, que este año volvimos a darnos cuenta de que el verano se escurría entre nuestras manos con las primeras salsas de tomate y sobre todo : cuando los pueblos empezaron a oler a los primeros pimientos asados.

Creo que una de las cualidades diferenciadoras de la vida en zonas rurales es la adaptación a los tiempos que marca el entorno natural en el que se vive. Hoy quiero poner en valor el momento de recoger y embotar: desde las primeras mermeladas hasta las castañas, pasando por tomates y pimientos.

Se trata de una forma importante y necesaria de mantener ciertos conocimientos de generación en generación. Son momentos que se repiten año tras año, con los cambios necesarios , pero manteniendo una esencia. El momento en el que varias generaciones se sientan alrededor de una mesa a pelar un pimiento puede parecer una situación normal y con un objetivo claro y simple. Pero creo que es un momento lleno de sentido: por unas horas, se crea un espacio de aprendizaje intergeneracional en el que toda persona presente participa en una retroalimentación que dotará de riqueza su ser, al igual que el ahumado dota de un sabor característico al pimiento.

En una especie de fiandón alrededor de los alimentos: la abuela cuenta a la nieta historias dignas de llevar a la gran pantalla o a la mejor estantería de una biblioteca en forma de libro. Esa abuela que también fue nieta, que también compartió mesa y escucho atenta.

Desde las enseñanzas culinarias hasta las enseñanzas de vida, es alrededor de estas actividades donde se aprenden cosas que no se enseñan en ningún otro sitio y, como una labor de preservación de patrimonio inmaterial, los jóvenes escuchamos y tratamos de recordar. Esas historias que nos cuentan mientras enjuagan el cuchillo en agua, son historias que: o las recogemos y embotamos o se perderán para siempre.

Finalizamos estos “Retales de septiembre” aquí, con estos alimentos y conocimientos que queremos embotar para poder disfrutar aunque el tiempo pase.

“¿A donde irá todo ese conocimiento cuando las últimas personas que lo usan y lo conocen mueran?”. María Sánchez

Escrito por:Lucía Suárez

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