Este domingo te invito a que te sientes, que te pongas cómodo o cómoda, que bajes las luces y si puedes, pongas toda tu atención en este poema. Hoy es día de san Valentín, por excelencia el día del amor, pero también del consumismo, voy a intentar enseñarte las situaciones más comunes, pero también las que no se suelen ver cuando se habla de este día. Probablemente sientas este poema como tuyo o puede que lo veas desde fuera, pero si es la primera te tocará hondo. En fin no aman de igual manera los pobres, como tampoco viven de igual manera.

No aman de igual forma
los ricos y los pobres.

Los pobres aman con las manos.
Los pobres aman en la carne y con gula,
en las peores estampas,
en condiciones famélicas y con
todo en su contra.

Los pobres aman sin bonitos decorados.
Entienden de lunes y de tedios domingueros
y de gastos imprevistos
de facturas y de angustias
que embisten
mes a mes
a quemarropa.

El amor de los pobres
no sale por la ventana
aunque el dinero entre
por la puerta,
(que nunca entra),
(aunque no haya ventanas).

Los pobres han aprendido
a amarse a oscuras por eso mismo.
Han aprendido a amarse malalimentados
malvestidos, malqueridos,
porque el hambre agudiza el ingenio
y en sus jardines también crecen las flores
(aunque no haya jardines).

Los pobres han aprendido a aprovechar
los vis a vis, entre jornada y jornada
de trabajo,
(aunque no haya trabajo)
y saben darse placeres nunca tasados
de valor incalculable
y han aprendido a disfrutar las circunstancias
y la sopa de sobre,
el viejo colchón y la cuesta de enero.

Y parece que su amor se yergue
indestructible a pesar de,
a pesar de las miles de plagas,
de los sueños frustrados y fracasos andantes,
de las crisis cíclicas y de hambrunas y de guerras,
más valiente que Heracles,
más Odiseo que Odiseo.

Y parece que su amor se extiende y se multiplica
al ritmo que se multiplican los pobres,
al ritmo que se multiplican los infortunios
y los desastres naturales que golpean
siempre en las casas de los pobres.

Y ese amor está a la altura de Urano,
a la altura de Urano y de Gea juntos,
y es la única arma
que tienen los pobres
para defenderse.

Por eso han aprendido a cultivar flores
y a cantar bien sus penas
y han inventado las mejores obras
y los mejores instrumentos.
Por eso entienden de arte y saben
encontrarlo donde lo haya,
aunque no lo haya,
(que siempre lo hay).

Y han aprendido a aprovechar el carisma
y la jerga,
y a escribir poemas inmortales
sobre amores complicados,
y saben de cosquillas,
y saben de boleros
y saben de desnudos
y de darlo todo,
que no es más que lo puesto,
las manos y la lengua
la forma de otear al horizonte
y los cánticos en contra del patrón.

Yo siempre he amado de esta manera.

Yo te amo como aman los pobres
y me temo
que durante mucho mucho tiempo
esto seguirá siendo así.

En este poema Gata Cattana, politóloga, poetisa y rapera, se abre en dos y nos enseña como concibe ella el amor y como lo ha vivido. Somos muchos y muchas los y las que lo vemos así, que hemos vivido y vivimos estas cosas y que sentimos este poeta como nuestro. Sin pretender romantizar la pobreza, os intento traer otra visión diferente del amor y acercaros a las diferentes realidades que existen. Hay un haz de esperanza ya que muchas veces, en estos contextos, es donde se crea, por que “El hambre agudiza el ingenio” y es el amor la fuente de inspiración más pura y también es aquí donde nacen las historias más ricas, entre pobreza.

A la memoria de Ana Isabel García Llorente, más conocida como Gata Cattana.
Escrito por:Rubén Movilla

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