El 29 de abril de 2020 comencé esta sección reflexionando acerca de lo que es el cine: ¿Una vía de escape o un acercamiento a la realidad?. Hoy, casi un año después, sigo teniendo igual de claro la importante función que cumple este arte como acercamiento a la realidad.

A las realidades presentes, pasadas e incluso como mirilla hacia el futuro.

Ya en aquella publicación hablé de la película que sacaron a la luz en 2015 César Souto Vilanova y Luis Avilés Baquero: “Os días afogados”. Y recalco que fueron ellos quienes la sacaron a la luz, porque hacer se empezó a hacer mucho antes… Y sin saberlo.

Es un documental tejido con material grabado desde mediados de los años 60 hasta la actualidad, a través del cual nos narran la lucha de los vecinos de las aldeas de Aceredo y Buscalque (Ourense). Estos vecinos vieron como en 1992 con la construcción del embalse de Lindoso (Portugal) las casas y tierras que les vieron crecer quedarían sepultadas para siempre.

Los vecinos tuvieron claro que el único camino era la lucha y solo se rindieron cuando el agua rozaba sus cansadas piernas. Pero también, siendo conscientes de que todo podía estar a punto de perderse, decidieron coger sus cámaras domésticas y documentar tanto la lucha que llevaron a cabo como todo aquello que les quitarían y sepultarían para siempre.

Consiguieron así un valioso documento histórico y etnográfico, filtrado por la subjetividad y las vivencias familiares.

“…É hora, capitán, collamos rumbo de cara ao tempo que ficou no olvido, ese espello de brétemas que ás veces se ilumina no fondo da memoria e fai brillar en lampos unha tarde que nunca volverá. Pero está viva”.

Antón Avilés de Taramacos.

El documental se abre con este extracto que nos deja pensativas, para seguidamente comenzar a contar la historia desde el presente hacia el pasado. Comienza con Francisco Villalonga Baños, aquel joven que 50 años atrás decidió sacar su cámara y dejar constancia de todo lo que estaba sucediendo. Con el dolor arraigado a su memoria dice la primera frase que escuchamos en el film: “Non sei si poderei transmitir os meus recordos sobre mi pobo de Aceredo. Pois o certo é que non sei como se pode recordar aquelo que nunca se olvidó”.

En las cintas rescatadas vemos como la gente seguía cuidando sus animales y trabajando el campo pese a saber que muy probablemente los días allí estaban contados. Se negaban a abandonar sus vidas, sus tierras, sus casas.

No concebían su vida fuera de esas tierras, y estaban dispuestas a luchar por poder morir allí: donde nacieron, crecieron y trabajaron el pan que les alimentaba.

El documental mezcla estas escenas con otras de la actualidad y varias rescatadas de cuando el embalse no era más que un “rumor”. Así, vemos como aquello que parecía inofensivo y poco probable, finalmente se convirtió en una realidad que arrasó con todo a su paso.

Así, este documental nos abofetea con la más cruda y cercana realidad. Porque al igual que estos vecinos, nosotros estamos apunto de ver gran parte de nuestra vida “afogada”. Algo parecido a lo que nos cuenta esta película, nos puede volver a suceder a nosotros y nosotras en nuestra tierra con unos gigantes que sepultarán lo más valioso que tenemos: nuestros paisajes, nuestras tierras, nuestros cultivos… y todo, como dicen en el documental: “por 4 pesetas”.

Cuando la amenaza de la expropiación era inminente, los vecinos comenzaron una verdadera y constante lucha. Se encararon contra las autoridades que querían echarles por la fuerza y una vez agotados todos los cauces para hacer comprender al gobierno su situación decidieron encerrarse en la Casa do Concello y declararse en huelga de hambre bajo el lema:

Desgastaron todos los caminos de lucha por sus derechos y el futuro que merecían. Y pese a que aquel gigante no frenó y el agua finalmente mojó sus cuerpos sin chalecos salvavidas, les quedó la certeza de no haberse rendido ante aquella injusticia que les pisoteó y afogó para siempre una vida que nunca volverá.

Con este documental, además de recomendaros encarecidamente su visionado (disponible en Filmin), os quiero transmitir la importancia de no dejarnos pisotear por los de fuera. De defender nuestra tierra, nuestros pueblos, la vida que trabajaron los que nos preceden y la que queremos dejar para los que nos seguirán.

La lucha y la unión, una vez más, será el único camino.

Ellos lucharon contra el agua y nosotros contra unos gigantes blancos. Pero el fin el es mismo, que no desangren nuestra tierra.

Lucía Suárez.

Escrito por:Lucía Suárez

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