Desde hace décadas hemos visto como la gente ha ido abandonando los pueblos poco a poco para mudarse a pequeñas barriadas al principio, ya urbanizaciones o grandes edificios después. Las denominadas colmenas.

Los pueblos eran motivo de vergüenza, se ocultaba la pertenencia a ellos por miedo al rechazo y la humillación de los demás. Eran jaulas que no dejaban volar esas ansias de libertad y de prosperidad. Esas alas desplegables en el abandono del mundo rural, lucharon contra esos grandes edificios que no eran otra cosa que jaulas con la puerta abierta.

En tiempos duros como los que estamos viviendo y que no tienen precedentes en la sociedad actual, esas puertas se han cerrado. interior las esperanzas de libertad que las dificultades a ese mismo lugar en tiempos pretéritos. Y comenzamos a ver que en los pueblos reside la verdadera libertad. Empezamos a valorar muchas cosas que en ocasiones pasaban desapercibidas, como los rayos de sol templando nuestra piel mientras que la brisa relaja su picor, pisar la hierba que brota con fuerza o ver como despierta la primavera, que no espera por nadie, a la sombra de un cerezo en flor.

Ya en el interior del hogar, comprobamos que todo se ha vuelto más sencillo que antes, menos sofisticado. Un gran ejemplo es el uso de la televisión, que en estos tiempos nos carga de información, aún más la angustia que sentimos por nuestros seres queridos y por la población en general. Las grandes marcas nos han vendido televisiones de gran calidad, compitiendo las unas con las otras y alimentando unas ansias de consumo que nos permiten ver los programas con una calidad mucho mejor que la de nuestro vecino. Pero, de repente, hemos comprobado que tanta calidad es inútil al ver que casi la completa de la programación se está realizando con videos grabados por móviles o con una cámara web. Todo puede ser más sencillo de lo que pensamos.

Ojalá que todo lo que esté sucediendo nos deje alguna enseñanza, estoy seguro de que lo haré. Y que una vez todo esto haya pasado, valoramos las cosas más sencillas: una caricia, un beso, un abrazo.

Raúl Ochoa, 2020._MG_7841_MG_7847

Escrito por:Raúl Ochoa

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