En esta ocasión vamos a hablar sobre dos auténticos cerebritos de nuestra fauna. Ambos pertenecen a la familia de los córvidos y son fácilmente identificables por sus característicos plumajes.

El primero de ellos es la Urraca (Pica pica) o como la conocemos en nuestra región, la ‘pega’. Es el córvido más abundante y extendido de la Península, en parte gracias a su enorme capacidad de adaptación a los ambientes más humanizados. Son unas grandes oportunistas, variando su alimentación en función del lugar y la época del año, comiendo desde grano a invertebrados incluyendo todo tipo de desperdicios, fruta y carroña. En ocasiones, incluso, depreda pollos de otras aves o caza pequeños invertebrados o roedores, aunque estos son platos menos habituales en su dieta.

Su aspecto es inconfundible. Con un tamaño de entre 40 y 50 cm, tiene un plumaje de marcados colores blanco y negro. Sin embargo este segundo color no es tan simple como podríamos pensar, ya que luce reflejos iridiscentes cuando la luz y el ángulo de observación es el adecuado, dándole una magia especial a su a priori sencillo traje. Es un animal muy ruidoso, emitiendo sonidos roncos para comunicarse con el resto de miembros de su especie. Cuando se desplaza resulta también muy fácilmente identificable, por su característico vuelo ondulante en el que bate las alas en rítmicos espasmos.

La época reproductiva de la pega abarca desde finales de marzo y abril. Las parejas elaboran nidos en una gran variedad de emplazamientos, desde árboles o arbustos a torres eléctricas, generalmente con palos y raíces y reforzándolo con barro. El interior del cuenco lo tapizan cuidadosamente con materiales mullidos como son el musgo, plumas o pelos que arrancan del ganado. Sólo hacen una puesta anual, aunque tienen la capacidad de hacer una segunda puesta de reposición en caso de que la primera fracase.

Son aves estrictamente sedentarias y muy sociables, que no presentan amenazas de conservación en la Península. En el pasado, sin embargo, fueron perseguidas y criminalizadas culpándolas de arruinar sementeras y perjudicar a diversas especies cinegéticas, cargos todos ellos sin justificación sólida.

Fotografía de urraca, por Diego Carrera
Fotografía de urraca, por Diego Carrera

El Arrendajo (Garrulus glandarius) o ‘gayo’ es uno de los animales más especiales de nuestros bosques. Su aspecto es inconfundible y colorido, dominado por tonos ocres con tintes rosados y grisáceos en diferentes zonas, tornándose blanquecino en la zona posterior del cuerpo. La cola es de color negro, color presente también en las alas donde se intercala con el blanco y con una llamativa franja de color azul eléctrico. Negro es también su característica bigotera.

Vive exclusivamente en hábitats forestales, en los cuales tiene funciones esenciales. Se le conoce como ‘el chivato del bosque’, ya que ante la mínima sensación de amenaza emite unos ruidosos sonidos que alertan al resto de animales, no sólo de su especie, de la presencia de depredadores. Por otro lado, sus hábitos de alimentación le convierten en un ‘agricultor’ de primer nivel. Gran parte de su dieta se basa en frutos como bellotas o castañas, entre otros, los cuales tiene la costumbre de enterrar bajo tierra o esconder entre piedras o en rendijas de troncos. Los que terminan enterrados, si se dan las condiciones adecuadas, pueden terminar germinando y dando lugar a un nuevo árbol o arbusto al quedarse ahí olvidados.

Ocupa todo tipo de bosques, prefiriendo los caducifolios y de coníferas, donde se instala en claros y límites de las masas forestales. En ellos encuentra su alimento, no sólo basado en frutos como los mencionados, también pequeños animales como orugas, lombrices, escarabajos o saltamontes, así como frutos silvestres.

La especie presenta un buen estado de conservación, aunque a nivel local se puede ver afectada por incendios o episodios de deforestación.

Fotografía de Urraca, por Diego Carrera

Los siguientes en ser presentados son dos pájaros que podemos encontrar sólo en zonas boscosas, ambos complicados de observar gracias a su buen camuflaje. Son
el pito ibérico y el torcecuellos, ambos con hábitos similares pero aspectos muy diferentes.

Autor: Diego Carrera

Escrito por:ofiandon

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